Generos informativos II
El sol se esconde tras el perfil del majestuoso volcán galeras que solo deja ver su silueta por los rayos de luz que cubren la ciudad de Pasto. En las calles urbanas la gente camina, otra habla, otra sonríe y otros dejan ver en su rostro la tristeza y la confusión y ahí es donde sabemos que en la búsqueda de una vida digna se quedan marcadas cada una de las vivencias que persigue no solo a una sino a muchas familias de este país, Colombia.
Lorenzo, tres de la tarde, Nilsa Caicedo saca con la ayuda de su hijo mayor José Manuel Ruiz la parrilla para asar los maduros y la carne, los cuales son solicitados entre los habitantes del sector. Una sonrisa presente habla por el ser de esta señora que bajo los elementos de presentación como es el delantal, acompañado de una falda, el cabello largo pero recogido señalándonos que predica el evangelio y Jehová es su compañero.
Los carros transitan y la gente se detiene: ¿Cuánto cuesta el maduro? ¡Por favor una porción de carne asada!, es lo que se escucha en la tarde hasta que las manecillas del reloj indican que casi llega la noche y que será mas agitada que las horas anteriores. Y así es, el calor del carbón encendido enrojece el rostro de Nilsa, pero su carisma no se agota en ningún momento.
Ahora la luna ya se posa en el cielo y con ella llega el esposo de Nilsa, el señor Alberto Ruiz, quien saluda a su esposa y se sienta en la silla que esta tras la parrilla y comienza una conversación de lo acontecido durante la tarde, y se deja en evidencia que esta no es la mejor época y que la falta de dinero hace que las personas vayan en busca de el hasta lugar en donde se garantice un mínimo de bienestar.
Es así que esta familia en busca de un mejor sustento entre el humo que sale de la carne que se asa mientras llama la atención de las personas y las necesidades que requieren de una solución se entenderá que la opción de quedarse en la ciudad no es tan favorable.
Agosto de 2009 un amigo de la familia llega a comentarles acerca de un lugar donde podrían trabajar, comentándoles la opción de viajar a la Llanada, Nariño y trabajar en una mina de oro; entre las dudas del explorar y los desconciertos de una estabilidad económica deciden viajar. Alberto Ruiz con su esposa Nilsa y sus cuatro hijos emprenden un viaje que traerá consigo una nueva mirada que de entrada no sabremos juzgarla como buena o mala, simplemente como la oportunidad necesaria de unos padres por sacar a sus hijos adelante.
La llegada deja ver que el municipio es acogedor y la vida económica, Nilsa se admira de eso al ver como el recibo de agua llega por el valor de cuatro mil pesos, mientras el de luz por cinco mil, y en el mercado el racimo de plátanos cuesta dos mil pesos. En ese sentido no se habían dado mayores complicaciones.
La compra de una área de tres metros por tres es el paso inicial, y el trabajo que les esperaba al amanecer será la vivencia del otro lado de la moneda. Nilsa se prepara para salir con su esposo y sus hijos a su primer día de trabajo dos horas de camino les espera por un recorrido empinado hasta llegar al lugar y comenzar a explorar un mundo desconocido hasta ese momento.
El manejo de las horas y el sol que cae directamente sobre la Llanada comienzan a estropear a la familia, deben caminar cuatro horas entre subida y bajada y solo pueden descansar cinco minutos, el horario se establece: salir a trabajar de siete a once, almorzar y regresar a las doce hasta las tres de la tarde, en una continua actividad que deja ver que quien deje de picar tendrá menos posibilidades de tener un buen día.
Ha transcurrido cerca de un mes y la apropiación de el trabajo ha hecho que se convierta en una costumbre, y cuando la mirada esta depositada en un objetivo claro parece nublarse un poco, eso le paso a José el hijo de Nilsa y Alberto quien a la salida de la actividad diaria dejo algo en el lugar y regreso en busca de eso. Cuando llego al lugar sintió un ruido extraño que hoy sus ojos dejan ver la tristeza del momento cuando sus lágrimas quieren escapar pero optan por lo contrario.
José va al lugar y encuentra todo tapado y mientras alcanzaba a su familia que ya había llegado a la casa y olvida el incidente por completo cuando su hermano Salomón lo invita a jugar canicas. Juntos salieron al parque cuando los gritos de dos señoras rompieron el silencio del lugar.
La curiosidad de dos niños inocentes los hace acercarse al lugar, es allí donde José sabrá que el ruido que escucho no era más que personas atrapadas en el socavón. Las fuerzas especiales del lugar comienzan a tomar medidas, José dice que casi eran las seis de la tarde cuando todos emprendieron marcha al lugar.
El ruido era fuerte, el llanto y los murmuros ese escuchaban cerca, los chicos vuelven a salir y ahí estaban los cadáveres de una familia que murió atrapada entre las rocas con el propósito de sacar un gramos mas de oro durante el día, y ese fue el principal motivo para que José no desee volver al lugar y sus padres no lo contradicen.
La actividad continúa al día siguiente y así por muchos días hasta que el oro parece agotarse y la tierra pedir descanso y aparecen las visiones que cambian con el tiempo y las circunstancias; Alberto esta conforme con dicho trabajo y da gracias a Dios por el mismo. Entrar al socavón a picar tierra, piedra, sacarla en la espalda a la luz para escoger porque dentro de este es oscuro, llevarla al molino no es un trabajo difícil dice Alberto porque “si fuera un trabajo difícil no lo hicieran y la gente no trabajara”.
Y en contraposición a esto Nilsa esta conforme por tener trabajo, pero sabe que la vida en la Llanada a pesar de ser económica frente a este trabajo es muy difícil, porque de por medio hay sufrimiento y no son muchas las ganancias “si es socavón bueno hay ganancia, si es pobre saca cien cargas y le da cincuenta gramos cada gramos vale cuarenta mil pesos”.dice.
José no tiene miedo del lugar, pero tampoco le ha entregado su confianza, así que en el regreso de la mirada Nilsa esta en la esquina con su negocio y José ayudándole del otro lado de la parrilla mientras Alberto Ruiz le dice a su esposa “la próxima semana ya toca viajar, porque el trabajo espera".
Ocho de la noche, sábado 27 de febrero Nilsa con la ayuda de su esposo y su hijo limpian el lugar, guardan la parrilla y mientras se desata el delantal agradeciendo a Dios por el día los clientes deberán esperar, porque por hoy es un Hasta Mañana.
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